Profe, es que ahora se enseña distinto

(Aunque realmente no sea cierto)

Profesor Horacio · 3 min.

En las reuniones con las familias hay una frase que aparece casi con una regularidad asombrosa:

—“Profe, no sabemos cómo explicarle… porque ahora en la escuela se enseña muy distinto a como nos enseñaron a nosotros.”

Y uno escucha. Asiente. Respira hondo.
Pero por dentro piensa: ojalá.

Ojalá pudiera decirles que es cierto.
Ojalá la escuela hubiera cambiado de verdad.
Ojalá estuviéramos usando métodos nuevos, más potentes, más inteligentes, más acordes a este siglo.
Ojalá.

La realidad es bastante menos épica.

Salvo algún docente “loco”, medio marginal del sistema, o algún innovador que se las arregla como puede entre planillas, actos escolares y fotocopias borrosas, la escuela sigue enseñando casi igual que hace 30 o 40 años.

Con los mismos esquemas.
Las mismas explicaciones.
Las mismas consignas.
Las mismas evaluaciones.
El mismo mecanismo para resolver una multiplicación por dos cifras.

A veces, incluso, el docente sigue enseñando con la misma carpeta didáctica que elaboró cuando se recibió o que heredó de un colega que se jubiló años atrás.

Entonces, cuando las familias dicen que “ya no entienden los métodos”, la tentación es responder con honestidad brutal:

—No se preocupen tanto, probablemente los entienden.
—Lo más probable es que sea exactamente el mismo método con el que ustedes aprendieron… solo que ahora no funciona.

Porque el problema no es que cambió demasiado.
El problema es que casi no cambió nada, mientras todo lo demás sí lo hizo.

Ahora bien, acá aparece la contradicción deliciosa.

En otro artículo dije —y lo sostengo— que no es responsabilidad de las familias enseñar lo que la escuela no logra. Eso sigue siendo cierto.
La enseñanza debería suceder en la escuela. Punto.

Pero después llega la dosis de realidad, con chicos reales, con urgencias reales por resolver la tarea que era «para ayer».

Y ahí, en ese vacío existencial en el que flota la educación, me descubro pensando algo casi herético:

ojalá las familias expliquen.

Como puedan.
Como sepan.
Con el método que recuerden.

Porque si el sistema funciona tan mal, tener dos explicaciones o más es mejor que no tener ninguna.

Prefiero un chico que tenga:

la explicación del docente,
más la explicación del padre,
más la explicación de la madre,
más una explicación improvisada en la mesa de la cocina…

antes que un chico que solo tenga silencio, frustración y la sensación de que “no entiende nada”.

Así de bajo está el piso.

Por eso, cuando escucho que “los métodos cambiaron”, no discuto.
No corrijo.
No aclaro.

Dejo que la frase quede flotando, como un consuelo colectivo.

Y si en ese mientras tanto, una familia logra explicar algo —aunque sea con el método de hace 40 años—, créanme:
en este contexto, no es un problema.

Es una ayuda.

¿Alguna vez te sentiste culpable por explicar «como antes»? ¿Sentís que la escuela de tus hijos es un espejo de la tuya o ves cambios reales?

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